La reconfiguración del escenario urbano y las nuevas dinámicas de trabajo han generado un fenómeno en las grandes ciudades: la transformación de edificios comerciales e incluso antiguos hoteles en edificios residenciales mediante el retrofit. El término se refiere a un conjunto de intervenciones que buscan dar una “nueva vida” a edificios antiguos, actualizándolos en términos de funcionalidad, tecnología, sostenibilidad y, con frecuencia, cambiando su vocación original.
El aumento de la vacancia en edificios corporativos, especialmente en áreas centrales, combinado con la creciente necesidad de viviendas cercanas al transporte público y a los centros de servicios, ha creado el entorno ideal para este cambio. Ciudades como São Paulo, Río de Janeiro y Curitiba han impulsado proyectos de revitalización en sus centros urbanos.
Aunque el retrofit se asocia con frecuencia a la modernización de hoteles o a la transformación de estructuras residenciales en usos hoteleros, la migración de uso también ocurre en sentido inverso. En São Paulo, por ejemplo, el Edifício Marian, el primer edificio de tipo flat de la ciudad, fue convertido en apartamentos tipo estudio, ejemplificando la reestructuración de una edificación para cambiar su perfil de uso y generar valor de mercado. En Río de Janeiro, el Edifício Mesbla, que fue sede de una cadena de tiendas y nació como un proyecto residencial, está siendo convertido en 190 apartamentos residenciales.
Esta tendencia no es solo una respuesta a la dinámica del mercado inmobiliario, sino también un instrumento de recualificación urbana. Al incorporar residentes en las áreas centrales, el retrofit ayuda a revertir el “vaciamiento” nocturno y de fines de semana, promoviendo un flujo de personas más constante y contribuyendo a la seguridad y al comercio local.
Además, reformar y reutilizar una estructura existente es, por regla general, más sostenible que demoler y construir desde cero. En São Paulo, los cambios en la legislación y los incentivos para la construcción de desarrollos residenciales en el centro, junto con la consecuente reducción del número de plazas de estacionamiento, permiten aumentar el número de apartamentos por edificio y, así, reducir el costo final para el comprador, mejorando la accesibilidad financiera.
De esta manera, las ciudades se adaptan a las nuevas realidades del siglo XXI, uniendo la valorización del patrimonio construido con la creación de un entorno urbano más dinámico y accesible.